Con criticar a la gente no basta, hay que hablar mal de nuestros países

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La crítica no es un tema que tengamos que explicar detalladamente, todos hemos criticado y hablado mal de algo o de alguien pero ¿por qué se nos volvió costumbre hablar mal de nuestro propios países?

El veneno que destilamos contra la patria, aunque no es una sorpresa, sale principalmente de millones de bocas latinas. Los latinoamericanos son los mejores cuando de criticar su país se trata.

México y Colombia por ejemplo tienen una fama precedida por los innumerables escándalos ligados al narcotráfico y la violencia.

No más de Pablo Escobar y los suyos

Ya hemos perdido la cuenta de los titulares que hacen mención a la indignación y el rechazo que han generado varios artistas al mencionar a Pablo Escobar y la coca de Colombia.

Artistas como Víctor Manuelle y Farruko con su canción ‘Amarte duro’ están entre los más recientes.

Su mención a la ciudad de Medellín causó una polémica tan grande, que el alcalde de la ciudad, escribió a los artistas y Manuelle se disculpó públicamente.

Este es el fragmento: «Donde yo pongo el ojo, pongo la bala y no fallo. Esto que yo siento es puro como la coca ‘e Medallo. Y no soy Pablo, pero tú sabe’ lo que te hablo. Que si va’ a jugar con fuego, má’ me va a llevar el diablo». 

Ni a Will Smith se le pasa

Otro de los casos, y contradictorio a la alegría que dio su llegada al país, fue el de Will Smith, quien estuvo en la ciudad de Cartagena grabando algunas escenas de una nueva producción.

Como un tributo a ‘la heroica’, el actor estadounidense publicó I Feel like a black Gilligan, que a diferencia de sus bailes y contenidos producidos en Cartagena, no le gustó a los colombianos.

«Jump of the plane like Pablo, guess who’s in Cartagena», que traducida significa: «salto del avión como Pablo, adivinen quién está en Cartagena», generó múltiples comentarios negativos en redes.

Para un colombiano la mención de Pablo y los suyos es como invocar al anticristo, pero ¿quién habla más mal de Colombia que un colombiano?

Sus quejas por la inseguridad, la violencia, la salud, las vías, la corrupción y demás son el pan de cada día. Ni Pastrana, ni Uribe, ni Santos, ni Duque han servido ni servirán.

Y no hay mucho que inventar, solo hay que ver los noticieros para empezar a mal hablar del país, porque a pesar de que la ciencia, la educación y el deporte hacen destacar a Colombia en el exterior, los robos, las violaciones, los abusos de autoridad y las miles de investigaciones judiciales que no hay como atender siguen saliendo en las noticias… quizás no hay nada más para mostrar.

¡Eso si! Si la selección pasa al Mundial de fútbol, el país es otra cosa; nunca hay plata para nada, pero hay millones de colombianos llenando los estadios de Brasil y Rusia para acompañar a su selección.

México y sus carteles

En México, la racha de violencia, buen tequila y comida picante se mantiene.

Alberto Peláez, un periodista mexicano, encontró en España esta tendencia de criticar su tierra.

En una cobertura periodística en Barcelona, Peláez tomó un taxi y su conversación con el conductor terminó siendo su nacionalidad y sus frecuentes visitas a México.

– Pero ¡usted está loco! allí te matan cuando menos te lo esperas… –

Esas fueron las palabras del conductor y como una reacción casi natural, el periodista entró en defensa de su tierra. Al llegar a su destino y terminar su labor tomó otro taxi y al ver la cámara el conductor le preguntó a Peláez si era periodista:

– Sí, de México –

Y se repite la historia:

– Pero es muy peligroso, allí te matan cuando sales del avión –

El periodista no dudó en cuestionar a los dos conductores por sus comentarios, y lo sorprendente del asunto, es que ambos le contaron que los turistas mexicanos eran los que contaban lo peligroso de su país.

Los argentinos de bajo perfil

Por favor, ¿qué hay más orgulloso que un argentino? En este caso, no es que los gauchos no hablen mal de su país, simplemente no lo hacen tanto en el exterior.

El autor Santiago Bilinkis también descubrió esta extraña tendencia en un panel en Argentina para unos estudiantes de la Universidad de California.

«Éramos cuatro panelistas y los que hablaron antes que yo todos transmitían una visión muy negativa del país», contó Bilinkis, y añadió: «Me dio mucha impotencia y decidí patear el tablero.»

«El vaso nunca está totalmente lleno ni vacío. Por eso me resultaba muy frustrante ver nuestra obsesión generalizada por mostrarle a gente de afuera solo lo que nos falta (la parte vacía del vaso) y mostrarnos como un país desastroso sin mostrar nada de lo bueno que tenemos (la parte llena)», explicó el autor.

La causa de la negatividad latina

Los estudios psicológicos suelen atar la excesiva preocupación por la imagen a una fragilidad en la autoestima.

En Latinoamérica, quizás por cargar con los estigmas del crimen y del narcotráfico, hay profundas heridas en ese ámbito.

Científicamente se ha demostrado que hablar de uno mismo provoca el mismo placer que comer, recibir dinero o tener sexo, aunque la mayoría todavía prefiere esto último, pero por muy poco.

¿Tendrá este mismo efecto hablar negativamente del país?

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