Las plumas malditas en la escritura de América Latina

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¿Bastaría con volcar al papel toda la desgracia de su vida para estar en el grupo de ‘escritores malditos’?

Esta generación de poetas reveló en los libros su angustia de vivir, impactando con ello el mundo de la literatura, la psicología y la filosofía.

Quizás podrá identificarse con ellos, por un amor imposible, una lucha con la droga o el alcohol, una familia o un matrimonio disfuncional, sea un tema de amor o de odio, los malditos tuvieron y tienen mucho para dar.

¿Por qué malditos?

Los autores de los textos que reflejaban la inconformidad social y el odio a la naturaleza humana, son las ovejas negras de la literatura.

Lo que conocemos como ‘escritores malditos’ y corriente del ‘malditismo’ no son más que un grupo de bohemios empedernidos, enfermos, suicidas, unidos por el talento y el dolor: por el hecho de no haber encajado ni en su tiempo ni en su sociedad.

Su principal característica: la desesperanza. Su mayor desinterés: el futuro.

Caminaron por una línea invisible que separa la locura de la genialidad y su existir fue una sucesión de tragedias que acabaron perpetuándolos.

Podría decirse que los poeta malditos son aquellos que, siendo capaces de enfrentarse a todas las estructuras que gobiernan la poesía de su tiempo, intentaron nuevos caminos.

Alguien condenado al anonimato en un mundo donde todos parecen buscar el aplauso fácil y el espacio cómodo y donde sólo los que repiten recetas y consejos, consiguen hacerse un hueco y

Definitivamente no buscan sonar interesantes.

El legado: Los Malditos

Este libro reúne los perfiles de 17 escritores latinoamericanos del siglo XX que tienen en común haber vivido una vida de desdicha y ser dueños de una obra literaria poco conocida. 

El colombiano Bernardo Arias Trujillo, forma parte de este grupo de autores, cuyas vidas fueron investigadas en detalle por periodistas y escritores latinoamericanos.

Escasamente conocido en el país, buscó alejarse de una sociedad conservadora en la que no cabían ni sus ideas ni su homosexualidad.

Hizo un libro cuyos ejemplares fueron escondidos y su adicción a la heroína terminó matándolo.

La chilena Teresa Wilms Montt, que solo sumó 28 años de vida, también hace parte de este selecto grupo. 

Una de las mayores creadores de oscuros poemas fue rechazada por sus padres, acusada por su esposo de adulterio y recluida en un convento. Murió de una sobredosis.

«Muchacha de ideas claras, simpatizante del anarquismo, madre joven, sin espíritu práctico, histriónica, seductora, bohemia, infiel. (…) Odiaba el verbo obedecer».

Conocido por la crudeza de su obra, el peruano César Moro, «más que lectores, tenía víctimas». Su vida estuvo marcada por un amor, Antonio, a quien le dedicó varios poemas.

«Era tímido. Delicado. Pero una ironía violenta lo volvió temible a la hora de escribir».

Este proyecto, que nació como idea en la Universidad Diego Portales, de Chile, y tuvo la edición de la periodista argentina Leila Guerriero, logró reconstruir la historia de estos personajes, todos muertos ya.

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